Desnudando al favorito


Si hay un equipo que merece ser considerado favorito para coronarse campeón de Europa esta temporada, ese es el Barcelona: porque ya la ha ganado en otras ocasiones y no es un proyecto emergente (Manchester City, París Saint-Germain...), para seguir manteniendo la hegemonía española en Champions, porque tiene la liga prácticamente sentenciada, por el rendimiento que está ofreciendo, y sobretodo, para arrebatarle al eterno rival la superioridad ejercida en los últimos años.

El encuentro mostraba como favorito al conjunto del Txingurri en las apuestas, ya que el Chelsea se encontraba involucrado en una crisis de resultados en los que equipos 'a priori' inferiores, habían sacado puntos en Stamford Bridge. El Barça por su parte, dentro de los buenos resultados, había tenido un pequeño bajón en el que encadenó dos empates consecutivos y en el que Messi no marcaba en todo el mes de febrero, racha que acabó con este partido.

El equipo azulgrana tuvo la posesión muy atrás y la salida de balón y la posterior circulación de balón fue demasiado lenta. Lo que incitó al Chelsea a salir a presionar, emparejando a sus carrileros con los laterales y a sus mediapuntas con los centrales, mientras Hazard se encargaba de tapar las ayudas tanto de Rakitic como de Busquets para sacarla. Que a su vez, hizo que el Barcelona tuviera bastantes pérdidas en salida. Incluso obligando a ter Stegen a sortear algún que otro balón arriba. Estas constantos pérdidas hicieron que un Willian muy inspirado, estrellara dos balones en la madera que hicieron saltar todas las alarmas. Otra consecuencia de la circulación lenta del conjunto visitante, fue que al Chelsea le costaba muy poco replegarse y bascular de un lado a otro sin que le pudieran encontrar las cosquillas a los de Conte. Y cuando el Barça perdía balón, los locales salían a la contra pero le faltaba el gol y echaron en falta a su delantero, Álvaro Morata.

El Barcelona tenía la posesión pero sin peligro y demasiado lenta.

Parecía que el equipo de la Ciudad Condal se iba a conformar con el 0 a 0, aunque esto fuera perjudicial por el valor añadido de los goles fuera de casa. Y fue ahí, en un saque de esquina sacado en corto, con todo el Barcelona en su área, Hazard encontró al brasileño que a la tercera logró el gol que tanto había perseguido. A partir de ahí la historia parecía cantada, los 'blues' se encerraron atrás con su típico 5-4-1 y destaparon los puntos débiles que hasta ahora se habían visto pocas veces. La solidez defensiva que había conseguido Valverde se veía reflejada en otros aspectos, y una de ellas es la falta de desequilibrio arriba. Sumado a la falta de aptitud para la creación de ocasiones hace que Messi baje a crearlas, que a su vez, hace que pierdas un jugador en la zona de remate. Y Suárez se encontraba solo contra tres centrales. Las lineas muy juntas del conjunto londinense -Kanté y Fábregas replegados- para conseguir que no les cogieran la espalda que es donde más daño se hace a un equipo, a la espalda de su mediocentro. Sobre todo si el que tienes enfrente se llama Leo Messi.

Mucho juego interior, pero no lograban encontrar los espacios para hacer daño

Y fué en una de las presiones tan típicas del Barcelona y de Valverde que Christensen -que había sido un manojo de nervios en todo el partido- ejecutó mal un pase horizontal hacia la frontal del área, que Fábregas no pudo recoger ni Azpilicueta cortar. Y en un acto de fe, el balón le llegó a Iniesta que se la dió a Messi, para que, con delicadeza, en la única que tuvo, batiera a Courtois.

Ese gol parece haber matado a varios pájaros de un tiro: Messi acababa con su sequía, Iniesta le devolvía el pase que le dio Messi en 2009 y el Barça llegaría al Camp Nou con una mínima ventaja.

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